viernes, 16 de septiembre de 2011

Educación preuniversitaria y canon literario I


LOS COLEGIOS PREUNIVERSITARIOS Y EL CURSO DE LITERATURA
El desvío de las circunstancias me convirtió en profesor y no he hallado labor en la que me sintiera más a gusto. Las condiciones en las que se ejerce la educación en el país son difíciles (deprimentes para ser exactos), sin embargo, el entusiasmo contagiante de los alumnos termina siendo un aliciente para la herida que a todos aquellos que nos dedicamos a enseñar, nos surge cuando damos cuenta de las desventajas que están por todas partes.
Soy profesor del curso de Literatura en un colegio privado "preuniversitario" con un alumnado menor y un espacio también menor que los designados a las escuelas estatales. Estoy en contra de la idea que representa una escuela "preuniversitaria" pues considero -y quién en su sano juicio no- que las horas, los meses y los años que un niño vive en un colegio tienen una importancia que supera ampliamente la anécdota de ingresar o no a la universidad. Por otro lado, los colegios "preuniversitarios" otorgan una importancia capital única a los cursos correspondientes al área de ciencias; a tal grado, que incluso algunas de estas instituciones suelen autodenominarse "colegios matemáticos" relegando los cursos de humanidades y ciencias sociales (desplazados por décadas de nuestra currícula nacional)y ni qué decir de la Educación Artística. Los alumnos que estudian en los colegios preuniversitarios tienen amplias posibilidades de aprobar un examen de admisión: esto resulta atractivo para los padres de familia de condición humilde que no cuentan con los recursos para matricular a sus hijos en una universidad privada de prestigio y se enfocan entonces en una universidad nacional. Es común escuchar entre los padres de famila que no han matriculado a su hijo en tal o cual colegio sólo para "pasar" el examen de una universidad como la César Vallejo o Inca Garcilazo de la Vega, incluso los objetivos de los colegios preuniversitarios son claros: UNI - SAN MARCOS - VILLARREAL. Nosotros conocemos cuánta competencia y rigurosidad existe en el examen de admisión de las universidades nacionales: competencia que se traslada a nivel institucional ya que las academias y colegios preuniversitarios se "enfrentan" por obtener el primer puesto en el resultado del examen de admisión o el mayor número de ingresantes. Entonces, el propósito de un colegio preuniversitario es que el alumno, finalizado el periodo escolar o en el mismo período, rinda con éxito el examen de admisión de una universidad nacional(sin restar mérito al logro, para algunos colegios resulta un gran orgullo y publicidad gratuita el conseguir que -por ejemplo- un niño de diez años ingrese a la universidad). Como mencionamos, los padres de familia que matriculan a sus hijos en estos colegios son en su mayoría de condición humilde -yo mismo enseño en locales en donde la zona aún no cuenta con el servicio de agua potable-, por lo que quizá las esperanzas de salir de la pobreza, de "progresar" con la educación, sea un motivo que supere al de buscar una educación más integral.
Con este panorama el área de Letras queda desplazada al impartimiento de síntesis conceptuales y la mera referencia de datos que "podrían venir como pregunta en el examen de admisión". El curso de Lengua y literatura, por ejemplo -y cito mi caso- se ve limitado al prospecto del examen de admisión de la UNMSM o la UNFV. Por suerte algunos profesores logramos dar con un espacio en las clases para desarrollar temas que no se encuentran allí. Sin embargo, Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes, Molliere o Ricardo Palma, Segura, Salaverry, Gonzales Prada, Valdelomar entre otros nombres, han sido protagonistas de las clases de literatura desde hace siglos o décadas en algunos casos (no siempre se llega a terminar con el propósito: en los cinco años que estudié en un colegio nacional apenas me enteré de la existencia de un par de libros clásicos). La incorporación en las clases de la obra de un autor no previsto en los prospectos de admisión o en los manuales de literatura resultaría imprudente, una interferencia de los propósitos primordiales: de ahí que en los colegios se conserve aún la creencia de que la literatura se limita sólo a la producción escrita. (Continuará)

domingo, 4 de septiembre de 2011

Notas en torno al siglo XIX y las regiones

Las literaturas latinoamericanas del siglo XIX, entre otras peculiaridades, se caracterizan por su relación estrecha, cercana, condicionada y necesaria con la política: es aquí en donde se habla de proyectos de nación,de reconstrucciones ficcionales de la historia o de novelas fundacionales. Desde luego, los intelectuales no pudieron esquivar ser partícipes de los avatares de una élite criolla que necesitaba justificar su lugar en la nueva historia que ellos se encargarían de escribir. Y, entre vaivenes discursivos, se irían formando los nuevos modelos de lectura latinoamericanos, un canon fundado por autores más "próceres" que "precursores" y cuya importancia no ha disminuido. Sin embargo, señalando al Perú con el dedo, ya que mencionamos los "proyectos de nación" que asumían los escritores ilustrados del XIX, éstos irían inclinándose por un modelo centralista que excluía el "cuerpo social" indígena y sus manifestaciones discursivas. Este punto, premonitorio por las condiciones en el que el Perú obtendría su "independencia", sería matizado por el intento de los primeros indigenistas por revalorar al "indio" pero no a su palabra. Los estudios literarios de los últimos años han intentado vendar la herida producida por siglos de exclusión contra representaciones discursivas que no fueron consideradas "literarias" para los ojos de occidente, y con esto nos referimos, por supuesto, a la tradición oral. El esfuerzo aún es insuficiente pero vale la pena anotar una curiosidad: no fue únicamente la tradición oral el discurso excluido del canon (sí, por supuesto, el más perjudicado), lo fue también la producción letrada de las provincias que terminaría aislada dentro de la etiqueta "literatura regional". En este punto, ¿cómo asumen las élites letradas de provincia el advenimiento de una nación (lo hayan advertido o no) que terminaría excluyendo no sólo las producciones discursivas no occidentales, sino también la producción literaria ilustrada de las regiones? La rúbrica "literatura regional" (y esto lo advirtió Ricardo Kaliman) asume de por sí un modelo de lectura guiado por las líneas estéticas de la literatura europea que la considerará universal y asumirá que un discurso es más "literario" cuanto más próximo a él esté: la literatura "regional" tiene entonces sus límites en lo local, por otro lado, sólo por causa de su "genialidad" desbordante un autor "regional" podrá superar los límites de la localía. El asunto no está del todo delimitado, desde luego, pero sería fundamental empezar a revisar con mayor detenimiento la producción literaria de las regiones en el siglo XIX (no excluyendo otros contextos) para comprender cómo los intelectuales ilustrados de provincias se manifestaron en el proceso de "construcción" discursiva del Perú, qué formas adoptaron, cuáles fueron proyectos y sus alcances. Si consideráramos ampliar aún más nuestro marco de estudio, de seguro podríamos darle un rostro más inclusivo a nuestra historiografía literaria y comprender, por ejemplo, antologías como la "Lira arequipeña" (1889) que reúne a más de medio centenar de poetas, de los cuales, sólo un par gozan de los recuerdos de los críticos.